
Una sala de conciertos abandonada, polvorienta y con pisos de mármol agrietados y cortinas de terciopelo descoloridas. En el escenario, una orquesta invisible toca, su presencia manifestada a través de instrumentos flotantes como violines, contrabajos y flautas, acompañadas por un polvo dorado enredado que forma siluetas humanas fantasmales mientras interpretan. Luces volumétricas atraviesan el aire tenue repleto de telarañas, iluminando la música etérea con haces suaves de luz.